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Caricias al tiempo

diego.martin10 diego.martin10 Seguir Jun 30, 2019 · 2 mins lectura
Caricias al tiempo
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“Yo no sé si podría vivir en un lugar que no sea este” dijo con una especie de pesar mi abuela Negra, mientras sentada en el patio contemplaba su casa de adobe construida por mi abuelo y ella misma…

Yo conocía poco de su historia, de su pasado, tenía poquitos años de vida y solo sabía que era mi abuela y que me quería mucho, nada más. Pero ese día, quizás por su nostálgico aspecto y necesidad de exteriorizar sentimientos logró conmoverme, así que me quedé quietito y la escuché:

“La primer noche que nos quedamos a dormir acá con el abuelo, que en paz descanse, casi que no hablamos -me dijo- él estaba sentado en la mesa del comedor, que no era la de ahora, eran unos tablones que teníamos al principio con unos troncos cortados que hacían de sillas, yo mientras estaba en la cocina terminando de cocinar nuestra primera cena… -la veo hacer una especie de pausa como buscando certezas en sus recuerdos y sigue- en un momento miré para donde él estaba a ver si había puesto los platos y vi como rapidito se secaba las lágrimas de sus ojos con la mano, estaba emocionado, yo nunca lo había visto llorar a Silvestre y me agarró una sensación rara, como que salió de adentro y tampoco las pude contener… son esas lágrimas de felicidad, de alivio, de paz, vio mijo? -exclamó para luego seguir contemplando su humilde hogar- nosotros nunca habíamos tenido una casa y Perón, Dios lo tenga en la gloria, nos facilitó estas tierras para que trabajemos, hagamos el ranchito y formemos familia, Miesca che, como pasó el tiempo…

…Sabe mijo que un día como hoy, pero hace muchos años atrás, la abuela y el abuelo durmieron por primera vez en esta casita?” levantó las cejas como si mil recuerdos le invadieran el alma, emitió un fuerte suspiro por su nariz que denotaba historias vividas y mientras se levantaba con esfuerzo de la silla de cuero marrón, con un tono de voz más bajo dijo, como si se lo hubiera estado preguntando internamente, “yo no sé si podría vivir en otro lugar que no sea este che…”

Vi como su pequeña figura se alejaba lentamente y al momento de entrar a la casa pasó la mano suavemente por el marco de la puerta, quizás en forma de caricia al abuelo, a su pasado, a la historia, vaya uno a saber…

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